El cuerpo es tan sabio…. Que a
veces me sorprende y me asusta a la vez.
Hoy era uno de esos días que mi
cuerpo me pedía verdura… (Hace unos años nunca hubiera dicho esto) y aunque me
encantan otros platos, hoy decidí que era buen dñia para unos sabrosos guisantes con jamón.
Este plato es fácil, suave y
delicioso, además, se puede meter en un táper y congelar hasta un día que
decidáis comerlos pero no tengáis gana alguna de meteros en la cocina (es uno
de mis trucos, el día que quiero cocino para un regimiento y luego congelo, es
una forma de limpiar solo una vez la cocina y no volverme vaga por tener que
hacer la comida).
Ingredientes:
-
ajo
-
Un paquete de jamón en taquitos (nada de comérselos!!!
Que son para cocinar aunque estén de muerte)
-
guisantes, una bolsa grande de esos congelados, esto da
para comer cuatro personas sin problemas (depende de si tenéis bichos en
crecimiento o no, también tenerlo en cuenta)
-
dos cucharadas de postre con azúcar.
-
Una cucharada sopera de harina, o un poco más.
-
Sal
-
Pimentón dulce (al gusto, pero yo suelo hace un par de
golpecitos al bote, sin miedo)
-
Agua
Los ingredientes de las
cucharadas y la sal van a ojo, todo es echarle ganas y un poco de cariño a la
cazuela.
Preparación
Pues ala!! Mano a la cazuela!!!
Cogemos un par de dientes de ajo y los picamos bien pequeños (para pelarlos,
los colocáis sobre la tabla o encimera y con un cuchillo les pegáis dos golpes
secos pero con ganas para que así se les caiga toda o casi toda la piel).
Anteriormente (que se me había
olvidado… mira que poco sale a bailar mi neurona) ponemos una cazuela al fuego
con un poco de aceite a temperatura
media (yo siempre uso aceite de oliva, me gusta más el sabor, pero el tipo de
aceite es al gusto).
Ponemos el ajo ya picado y el jamón en tacos en la cazuela, y lo dejamos
freírse un poco.
Cuando vemos el ajo duradito,
pero no demasiado, ponemos los guisantes,
la harina, el azúcar, el pimentón y una pizca de sal al gusto. Mezclamos
todos los ingredientes y ponemos agua
hasta cubrir los guisantes.
Los dejamos a media temperatura
hasta que empiece a hervir y entonces los ponemos a temperatura baja, que se
hagan de forma lenta.
De vez en cuando les damos una
vuelta para saber como van de líquido y que no se quemen los guisantitos de
abajo.
Estarán listos para zamparse
cuando estén sin líquido pero sin quemarse, pero tened en cuenta que sin
líquido no quiere decir secos como la mojama (viene del árabe), ya que cuando
se enfríen, se quedarán más secos aún. (Si habéis preparado pasta pre-cocinada
en la cazuela, guiaros por eso).
Toque especial: a mi a veces me encanta ponerle un poco de huevo
cocido, pero cuando ya están emplatados. Probad y me contáis.
Bubu os desea un feliz y relajado día.

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